Mientras nombres como Jim Thompson, David Goodis o Ed McBain siguen grabados a fuego en nuestro imaginario, el de Charles Williams, autor de títulos como Scorpion Reef, Diamond Bikini o Man on the Run, se ha sido raspando de la memoria colectiva como una mancha de óxido.

Una tremenda injusticia que se subsana (al menos, en parte) con la publicación, en España, de dos de las más notables obras de este mago del suspense caracterizado por sumir personajes normales, gente como tú o yo, en situaciones límite. Historias vertiginosas que no dejan que sueltes el libro ni para ir a mear. Para muestra, dos botones. Escrito en 1963, Calma total es el pluscuamperfecto thriller náutico. Unas vacaciones de luna de miel en un barco que se tuercen cuando asoma, por el horizonte, un bote que trae problemas en forma de náufrago.
Un crescendo de tensión que ve la luz por estos pagos de la mano del escritor y agitador Hernán Migoya, único biógrafo de Williams en el mundo. Pocos relatos hacen aguantar la respiración como el de la aventura de John y Rae Ingram, cuando el inquietante Hughie Warriner se les cruza, océano mediante, en el camino. La publicación en catalán de Hell hath no fury, que vio la luz en 1955, también es cosa de dos insignes activistas: Álex Martín Escribà y Jordi Canal. Aquí, Williams nos traslada a su otro gran escenario narrativo, el entorno rural, pueblos donde revientas de calor y de asco y donde el infierno siempre son los otros. En ese contexto, el feo, fuerte y amoral Harry Madox se zambulle en un pantano cada vez más profundo de problemas. Una obra maestra de diálogos impecables, ritmo endiablado y la constante sensación de andar sobre el filo de una cuchilla afilada. Dos novelas que nos permiten redescubrir a Charles Williams y entender por qué lo necesitamos tanto.
